Santiago Maldonado fue sacrificado en un país de malparidos

Por Ernesto Simón

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Pobre Santiago, tuvo la mala suerte de pagar las consecuencias de ser joven en un país de canallas que usan su desaparición para conseguir consenso.

Los argentinos juegan con la tragedia de Santiago Maldonado. Especulan, buscan estrategias, sacan ventajas, finalmente se relamen por los beneficios obtenidos en esta suerte de dramatización social en la que cada quien pone en escena su rudimentario papel.

Incluso, debo confesar, hasta siento vergüenza por tener que escribir esta nota. Cada uno de los actores de este conflicto ha intentado sacar su bocado. Morder y desgarrar con la ferocidad desconsiderada que caracteriza a los hijos de puta que siempre están pensando en sí mismos y en sus miserables ventajas. El provecho que ha obtenido cada quién en esta tragedia que es la desaparición y tal vez la muerte de un pobre muchacho, es funesto.

Lamento lo que pasó con Santaigo. Siento pena por su familia y bronca por aquellos ciudadanos que hacen cadenas de whatsapp inventando bobadas sobre el pobre pibe.

Me embarga la impotencia al ver como las fracciones kirchneristas enarbolan, una vez más, una bandera que no les pertenece: la de los derechos humanos. Dejen de robarse un patrimonio que es de todos los argentinos. Ya está, ya robaron demasiado. Ahora dejen a los derechos humanos en manos de todos los coterráneos. ¿Se acuerdan cuando Videla popularizó aquel eslogan “Los argentinos somos derechos y humanos”? ¿No te diste cuenta que el kirchnerismo ladrón está haciendo lo mismo que la Dictadura Cívico Militar que se apropió del país en 1976?

También está esa clase media bienpensante y tilinga que quiere demonizar al pobre Santiago. Quieren, en su modo repugnante de proceder, hacer creer al resto que el chico merecía ser asesinado.

¿Qué importa si era pariente o no de tal cual, si era o no kirchnerista, si era anarquista o lo que haya sido? ¿No se dan cuenta que era un joven con toda la vida por delante y merecía disfrutarla?

Esto no se llama grieta, se llama legión de hijos de puta, o, si se me permite el eufemismo, podría llamarle caterva de reventados. Da igual, el chico ya no está, y, cuando aparezca, dudo que sea con vida. Santiago fue sacrificado en un país de salvajes, enfermos y psicópatas.

Están los mermas que aseguran que la ministra Patricia Bullrich lo mandó a secuestrar. Otros que aseguran que el presidente Macri lo hizo desaparecer. ¿Se puede ser tan enfermo como para pensar así?

Están los que dicen que merecía morir porque andaba con los mapuche invadiendo tierras privadas y provocando destrozos. ¿Se puede ser tan desquiciado como para decir tamaña barbaridad?

Todavía no se sabe qué pasó. La investigación, supongo, arrojará alguna respuesta. Quizá fue Gendarmería, quizá no. Las líneas de la investigación están evaluando todas las posibilidades. Ojalá nos digan pronto qué sucedió.

Permítaseme responder al dilema: Sí, hay argentinos y argentinas para todos los gustos. Durante estos días asistiremos a la función final de un espectáculo bochornoso y lamentable. Verán cómo sectores que responden a las más diversas y variopintas ideologías se tirarán con este muerto que no para de crecer, como en la canción de Bersuit Vergarabat.

Deberíamos sentir vergüenza por pertenecer a un pueblo manada que se mueve sin pensar y camina por las calles con una insensibilidad alarmante y espasmódica.

Así nos va.

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