Música, gritos y risas en la Cueva de La Salamanca

* Publicado en la página de Facebook "Historias y Mitos Riojanos"

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Soy de Sanagasta y lo que voy a narrar a continuación es lo que me contaban mi madre y mi padre cuando era chica.

Teníamos la costumbre de sentarnos en la vereda lo hacíamos para época de verano y con mis vecinas siempre solíamos hablar de las historias de brujas y cosas similares ya que antes como hoy en día, Sanagasta siempre estuvo cargada de historias relacionadas a esto, a lo extraño, sobre duendes, el mikilo, brujas y todo aquello relacionado a lo paranormal.

Me acuerdo que en una ocasión después de comer vino una prima, a mí me dolía la cabeza y como había discutido con un hermano decidí salir con ella a caminar un rato. Le dije que vayamos hasta una plaza que no estaba muy alejada de casa, ella traía mate y galletas. En el camino nos encontramos con otra amiga en común quien se sumó y nos acompañó. Desde un primer momento la notamos rara, estaba callada y parecía triste, algo raro en ella ya que del grupo siempre era la más alegre y de hacer bromas, pero esa noche parecía otra persona. Mi prima le preguntó que le pasaba y había respondido muy seco, cortante como quien dice “no me pasa nada”.

Cuando llegamos a la plaza nos sentamos, mi prima sacó el mate, el termo y en esta oportunidad fui yo quien le pregunta si está bien, que es lo que le sucedía y también le dije que podía confiar en mi prima y en mí, que todo estaba bien y ella comenzó a llorar. Le doy un abrazo, le vuelvo a preguntar y ella responde “Pasa que estoy harta”, “estoy harta” …Pero harta de qué? Le pregunté… No respondía, le dijimos que se tranquilice y le repetí que podía confiar en nosotras, que éramos sus amigas y que íbamos a estar con ahí pase lo que pase. Al cabo de unos minutos cuando se tranquilizó, nos dijo que estaba cansada de la situación en su casa, nos dijo que en su vivienda pasaban cosas extrañas, como ser ruidos extraños por la noche, como si arrastraran cadenas, sillas, cosas pesadas y que escuchaban risas de personas en una piezita que tenían en el fondo. Con mi prima nos miramos y no lo podíamos creer, me dio mucho miedo y verla en ese estado me ponía mal, no sabía cómo podíamos ayudarla. Le pregunté desde cuando venía pasando esas cosas en su casa y si sus padres lo sabían a lo que ella respondió que sí, ellos lo sabían y que ya pasaba desde hacía meses… También nos contó que su mamá se vio muy afectada, que por las noches no podía dormir por el miedo y que se la pasaba rezando.

Comencé a juntar todo, les dije que nos vayamos a casa para comentarle a mi mamá ya que ella siempre tenía agua bendita. Cuando llegamos y le comentamos a mis padres no dijeron nada en ese momento. Me acuerdo que mamá sacó del modular una botellita con agua bendita y una estampita de un Santo. Nos dijo que todos iríamos con ella a su casa esa noche, entonces la acompañamos y cuando llegamos, mis viejos hablaron con los de ella explicándole lo sucedido para que no la reprochen por habernos contado sobre lo que estaban pasando. No hubo problema, entendieron y mi mamá entró rezando con la estampita en la mano y cada tanto tiraba un poco de agua bendita en cada rincón de la casa. Ella iba al frente y nosotros atrás siguiendo todo y rezando. Cuando terminó nos agradecieron, pero nos pidieron por favor no comentemos a nadie más sobre lo sucedido y así fue.

Luego de esto acompañamos a mi prima a su casa ya que por lo que había pasado no podíamos dejarla sola, en el camino papá nos contaba que ese tipo de cosas pasaba muy seguido y que por eso debíamos rezar al menos cada tanto “para alejar lo malo” y para no alejarnos de Dios. ¿Qué tipo de cosas eran las pasaban? Pregunté yo, mi mamá se enojó por mi pregunta y me retó pero papá comenzó a contar que cuando él era chico la gente contaba que desde La Salamanca que está ubicada camino a Huaco, salían gritos desgarradores, música y risas de personas.

Esa noche no quiso contar más nada. Cuando llegamos a la casa de mi prima, nos despedimos y le dije que al día siguiente vaya a mi casa. Cuando nos regresábamos, mi mamá me dijo que ya no hable del tema, que trate de no recordarlo porque eso también atraía de alguna manera todo lo que es malo a nuestra casa. Le dije que se quede tranquila, pero al día siguiente cuando fue mi prima, me acuerdo que ambas teníamos mucha intriga e incertidumbre por lo que había contado mi papá sobre los gritos, la música y las risas que salían de la Salamanca. Yo insistí, agarré coraje y le pregunté sabiendo que me podía retar, reprochar ya que la noche anterior me habían pedido que evitara hablar de esas cosas, pero accedió y nos contó que se solían escuchar muchos rumores en el pueblo en cuanto la Salamanca, lo más fuerte que se decía era que desde ese lugar salían gritos de hombres y mujeres como si los estuviesen torturando, bebés llorando, risas y música con instrumentos de guitarra y bandoneón. También nos dijo que cuando él era joven conoció a un hombre que trabajaba en un campo y que desde un día para el otro comenzó a tocar la guitarra como un profesional sin haber estudiado jamás música ni como tocar un instrumento musical. Me acuerdo que también dijo que ese hombre se jactaba y lo decía con orgullo asegurando que una noche fue a la Salamanca y que fue el mismo diablo quien le había enseñado a tocar la guitarra. Mi papá dijo que el pueblo le tenía miedo y que, a pesar de ser un hombre muy mayor, anciano, trabaja en el campo muchas horas con la fortaleza de un hombre joven e incluso mejor.También decían que muchos se sorprendían por la fuerza física que tenía y cuando se enojaba con alguien lo señalaba y esa persona enfermaba.

Esto es lo que me contaba relacionado a la Salamanca, historias tengo muchas y con el tiempo iré compartiéndolas con el grupo. Gracias por compartir mi vivencia.

* Publicado en la página de Facebook “Historias y Mitos Riojanos”

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