¿LA CULPA DE LA BASURA ES DE LOS VECINOS? Heber Sirerol y la “Teoría de las ventanas rotas”

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Hace unos días, el secretario de Gobierno municipal, Heber Sirerol, publicó un video en el que insólitamente culpó de los vecinos por los basurales de la ciudad. Es el mensaje que viene impulsando sistemáticamente: poner el foco en los que arrojan basura para desviar la mirada de la responsabilidad del intendente Alberto Paredes Urquiza por el caótico estado de la capital riojana. Pero…

En este punto es interesante recordar la “Teoría de las ventanas rotas”, un experimento que sirve para entender por lo menos una parte del problema: que nadie va a cuidar una ciudad descuidada; que ningún vecino se va a preocupar por la limpieza si las autoridades no hacen su trabajo.

El experimento lo hizo en 1969 el psicólogo social Philip Zimbardo, de la Universidad de Stanford. Primero abandonó un auto en mal estado en el Bronx. Le sacó la matrícula y abrió las puertas. En menos de 10 minutos le empezaron a robar sus partes de valor y poco después fue destrozado. Luego dejó un auto en similares condiciones en Palo Alto, un barrio tranquilo. Y no pasó nada durante una semana, hasta que rompió una ventana con un martillo. Ahí, los vecinos de Palo Alto copiaron a los del Bronx y lo empezaron a vandalizar.

El mensaje es sencillo: nadie va a cuidar una ciudad si está llena de pastizales, baches o basurales. ¿Por qué? Porque el mensaje es “esto no se cuida”. Entonces, ningún vecino va a tener un gramo de mea culpa por tirar basura en un terreno baldío con un metro de pastos. Ni hablar si los que no dan ejemplo son las autoridades

Esto no quiere decir que los vecinos que van y arrojan basura no tengan responsabilidad. Tampoco es cuestión de deslindarlos de su cuota de culpa. Pero no es menos cierto que en La Rioja, dentro de la provincia, hay ejemplos que muestran una contracara. El caso más palpable es el de Sanagasta, que asombra por la limpieza del centro. A cualquiera que viva o la visite le daría vergüenza tirar un papel, porque sus calles están bien, prolijas, cuidadas. O en el Parque de la Ciudad, donde todos usan los tachos de basura. En cambio, el resto la capital riojana está plagada de baches, veredas rotas, pastizales altísimos y calles intransitables. La diferencia está a la vista: la realidad se transforma con políticas públicas, no con mensajes en Twitter. Heber Sirerol debería saberlo.

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