Alberto Fernández y su herencia política que vino desde un pariente de La Rioja y que pocos conocen

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Juan Sourrouille, ministro de Economía durante el turbulento gobierno alfonsinista, se desentendió de la aclaración de Alberto Fernández, el joven que le contó que era militante y apoderado del PJ cuando le ofreció ser subdirector de Asuntos Jurídicos. 

Desde ese cargo, técnico, se vinculó con Raúl Alfonsín, aunque en paralelo militaba junto a José Manuel De la Sota, el cordobés que fue candidato a vice de Antonio Cafiero que encarnó la renovación peronista y perdió, en la única interna nacional del peronismo, con Carlos Menem.

Había, perdido, un reflejo radical en la historia personal de Fernández: Carlos Galíndez, a quien llama su padre -fue la segunda pareja de su madre- se llamaba Pelagio en homenaje al vicepresidente de Hipólito Irigoyen.

Manuel Galíndez, el padre de su padrastro fue senador de la UCR en La Rioja y aparece, en la galaxia Fernández, como el único indicador de herencia política. No lo hubo del lado de Celia Pérez, su madre, que falleció en abril pasado.

Alberto Fernández en su departamento de Puerto Madero. Juano Tesone

Alberto Fernández en su departamento de Puerto Madero. Juano Tesone

De su infancia y de su barrio, Villa del Parque, heredó el club: vivía en Elpidio González y Terrada, a unas cuadras de la cancha de Argentinos Juniors y se hizo hincha de Argentinos Juniors, el equipo de La Paternal, la zona de su escuela. De primer a quinto grado fue a la escuela República de México, luego su madre lo cambió al Avelino Herrera.

El gen filo radical se reactivó, décadas después, cuando como lugarteniente político de Néstor Kirchner tejió la transversalidad, ensayo de ampliación del peronismo que, relee ahora, fracasó por el formato.

Con 60 años, Fernández atravesó en la trinchera política todas las tormentas del último medio siglo. La política la exploró, por primera vez cuerpo a cuerpo, en el colegio Mariano Moreno donde fue delegado de la Unión de Estudiantes Secundarios (UES), rama estudiantil de la tendencia peronista.

Manuel Galíndez, el padre de su padrastro fue senador de la UCR en La Rioja y aparece, en la galaxia Fernández, como el único indicador de su herencia política

En el mismo colegio,  pero en el turno tarde, militaba Miguel Núñez, con quien se reencontraría años después, y compartirían el gabinete de Kirchner.

Durante la dictadura terminó el colegio, estudio abogacía y se integró en los ’80 en la justicia penal.

En los 70, no solo fue política: se fascinó con el rock nacional, y a través del dibujante Daniel Paz -su amigo de la infancia- conoció a Litto Nebbia, que le dio clases de guitarra por algunos meses. Son, desde entonces, amigos. Fernández es, además, fan del mítico fundador de Los Gatos. 

Solista y acústico, el candidato solía tocar canciones de Nebbiay algunas propias -en su celular guarda una copia de un incunable, una canción que grabó con su trío Hojas- en algunos pubs en los años ’80: dice que actuó en El Corralón, el Conventillo y el Viejo Café, que administraba Javier Grosman, luego “cerebro” de la estética K en tiempos de Cristina Kirchner.

Con la “apertura” de Roberto Viola formó, con otros militantes, el Frente de Orientación Nacional, de matriz forjista, que tras la guerra de Malvinas -el conflicto estalló el día que cumplió 22 años- se fusionó en el FREPU donde conoció a dos amigos y militantes, Jorge Argüello y Eduardo Valdés, el ex embajador que ofició de “celestino” para su reconciliación con Cristina Kirchner.

Nebbia, Grosman, Valdéz, Alberto Iribarne -apoderado del PJ nacional en los ’80, otro amigo suyo- son piezas del rompecabezas Fernández, que el 18 de mayo, entronizado por Cristina, se convirtió en candidato a presidencial de una unidad en pañales y el domingo 11 de agosto acumuló, en un shock político, 11,5 millones de votos.

Desde sus oficinas de la calle México -que el viernes cuando recibió a Clarín están a oscuras por un corte de energía- administra la intriga y expectativa que lo rodea: habla con empresarios, economistas, empresarios, banqueros, negocia con Mauricio Macri y cohabita con Cristina a quien define como “su amiga”.

Clarín

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