Fue un papelón. De esto no hay dudas. El caso del hombre con febrícula que desató ayer una ola de psicosis mediática en La Rioja por un supuesto caso de coronavirus despertó una polémica que podría dar para rato. Pero no vamos a caer en la demagogia de señalar a Fulano o a Mengano como los eventuales responsables, sino que vamos a intentar rescatar lo positivo: que quedó al descubierto que hay mucho por mejorar ante un eventual caso real.

Primero que nada, gracias a esta falsa alarma mucha gente se empezó a informar y a tomar real dimensión del coronavirus. Las autoridades sanitarias de La Rioja ya habían dicho que las posibilidades de que el virus llegue a la provincia son altas. Por ende, la información es muy valiosa. No nos vamos a morir todos, mientras estemos preparados. No sólo las autoridades, sino también los medios y la población en general.

Un ejemplo: algunos salieron a comprar barbijos, cuando absolutamente todas las autoridades a lo largo y ancho del planeta desalentaron su uso en personas sin síntomas, porque hasta puede ser peligroso si se utiliza mal. La mejor medida de prevención es el lavado de manos. Es muy sencillo. Lo único que hay que recordar siempre es que hay que mojar la piel antes de agarrar el jabón, y después tomarse unos 30 segundos. Nada más.

En segundo lugar, lo de esta madrugada fue positivo para las autoridades, porque quedaron al descubierto los rincones en los que deben mejorar. Todavía no está claro y desde el Gobierno esquivaron las definiciones sobre por qué se evacuó la guardia del Hospital Vera Barros, cuando el protocolo que se había definido ayer mismo a la mañana indicaba que ante la menor sospecha de un caso de coronavirus, el paciente iba a ser derivado al Hospital de Clínicas.

Esto quiere decir que falló el protocolo, porque derivó en el vaciamiento de la guardia del hospital y colaboró a generar la psicosis social, ya que decenas y decenas de personas empezaron a enviar mensajes a sus familiares para alertar sobre el tema. Si desde el gobierno se pide responsabilidad mediática a la hora de informar, lo mínimo que se espera de las autoridades es empezar por casa. 

En esa misma línea, la conferencia de prensa del gobierno fue otro papelón. De movida, a los pocos minutos de iniciar su alocución, el ministro de Salud, Juan Carlos Vergara, cometió el error de llamar a la influenza como “influencia”. Lo dijo mal dos veces. Claro, parece algo menor, pero la población necesita confiar en sus autoridades, y esto imposible que suceda si el máximo responsable sanitario no sabe cómo se llama uno de los virus más importantes que el sistema que encabeza debe combatir. ¿Y si se equivoca el nombre del medicamento que receta?

Pero además, como se adelantó más arriba, no supo explicar por qué se vació la guardia del Hospital Vera Barros, es decir, no pudo identificar dónde falló el protocolo. Dijo expresamente que no sabe quién dio la orden. Sin embargo, el ministro pidió a los medios que sean más responsables. No empezó por casa.

En ese mismo marco, llamó la atención la presencia del rector de la UNLAR, Fabián Calderón, en la conferencia de prensa. Más allá de que sea la máxima autoridad de la universidad, y por ende, del Hospital de Clínicas, Calderón no es médico, sino trabajador social. Si el representante del gobierno provincial fue un especialista en salud, lo mismo hubiera sido sano que haga la casa de estudios, es decir, poner a hablar a un galeno y no a un improvisado. No es momento de hacer propaganda política.

En definitiva, lo positivo de la falsa alarma que generó un paciente que ni siquiera tenía fiebre es que servirá para aprender y no volver a cometer los mismos errores. Es muy posible que el virus llegue algún día a La Rioja y habrá que estar preparados en todos los niveles. Aunque muchos quieran tirar la pelota al otro lado, es una lección para todos: las autoridades, nosotros los medios y la población en general.