*Por Juan Pablo Parrilla

Roberto Abate, el piloto que conducía uno de los helicópteros que protagonizó el choque mortal en Villa Castelli en 2009, había tenido otro accidente en La Rioja en 1994, durante un vuelo para trasladar al entonces gobernador Bernabé Arnaudo y otros funcionarios. “Estaba nervioso e inseguro de volar en la provincia”, contó a EL FEDERAL una fuente del sector aeronáutico que lo conoció.

Según reconstruyó EL FEDERAL a través de la consulta de varias fuentes, unos días antes del accidente del 9 de marzo de 2015 en el que Abate falleció junto a otras nueve personas, el piloto voló en el helicóptero Eurocopter que finalmente chocó en Villa Castelli desde Santiago del Estero al aeropuerto Vicente Almonacid. Testigos que lo vieron y estuvieron con él contaron que lo notaron incómodo, porque no quería realizar ese trabajo.

El miedo de Abate tenía sus motivos. Además de su poca experiencia con aeronaves Eurocopter, no le gustaban los vuelos de montaña y tenía un antecedente en La Rioja: a las 14.10 horas del domingo 29 de mayo de 1994, el helicóptero de la provincia que comandaba cayó desde unos 10 metros de altura cuando se disponía a trasladar al entonces gobernador Arnaudo, junto a la directora de Ceremonial, Magda Páez, y al ex intendente de Vinchina, César Varas.

Arnaudo había ido a entregar alimentos, colchones, frazadas, elementos deportivos y útiles escolares al departamento de Vinchina. Primero visitó Jagüe y luego partió hacia Potrero Grande. Abate estacionó el helicóptero patente LV-JOZ a unos 150 metros de la Escuela Albergue. El accidente se produjo cuando estaban por retornar. Poco después de despegar, la aeronave voló a baja altura unos 100 metros y se precipitó al suelo.

Según la crónica que al otro día publicó el diario El Independiente, el accidente provocó una escena de pánico, porque los cuatro ocupantes de la nave quedaron atrapados mientras el motor chorreaba nafta. En una rápida reacción, Abate alcanzó una pinza y logró cortar el cableado de mando y detener el motor

La nota identifica al piloto como «Miguel Abatte», pero todas las fuentes consultadas, incluso actuales empleados de la Dirección de Aeronáutica y testigos que lo conocieron, aseguran que se trató de Roberto Abate.

“Fue el momento más bravo y dramático, por el peligro de incendio”, declaró sobre esos instantes Arnaudo, quien resultó herido en la cabeza, una pierna y un brazo. El mandatario se desvaneció tras ser rescatado en medio del griterío de vecinos y alumnos que se habían parado contra un alambrado para ver el despegue del helicóptero. También se desmayó una de las maestras al ver la situación.

Los otros dos pasajeros también resultaron heridos. La directora de Ceremonial recibió golpes en las piernas y los brazos, y el intendente Varas sufrió traumatismos en el pie derecho, el hombro izquierdo y la cintura, y fue trasladado al hospital de Vinchina. Abate, en tanto, terminó con lesiones leves. Todos fueron llevados más tarde a la capital provincial en el “Capiango”, la avioneta del entonces presidente Carlos Menem, quien se comunicó con Arnaudo para solidarizarse con él y tiempo después le cedería el famoso Tango 01 para sus traslados.

“Si el accidente hubiera sido 30 segundos después y a mayor altura, no se salvaba nadie”, evaluó Arnaudo, quien advirtió además que el siniestro “fue peor” que otro que había protagonizado dos años antes, cuando uno de los aviones provinciales tuvo que accionar el tren de aterrizaje de forma manual durante una emergencia al descender en el aeropuerto de La Rioja.

El que en cambio se salvó fue el ex ministro de Cultura y Educación, Juan Carlos Zain el Din, quien decidió no subirse al helicóptero y viajar en auto.

Al otro día, la Dirección de Servicios Operativos de La Rioja emitió una gacetilla de prensa en la que extrañamente atribuyó el accidente a “las bruscas modificaciones en las condiciones meteorológicas”, que afectaron la “performance” y provocaron “la consiguiente pérdida de rendimiento de la planta de poder” del helicóptero. ¿En concreto? “Una baja presión y menor densidad del aire, perdió rendimiento la turbina, por un problema de presión permanente en el oeste de la provincia y que no se puede medir con antelación”.

También aclaró que la nave, que sería de 1977, tenía 15 horas de vuelo desde su última inspección, que había sido hecha en Tucumán, y que tenía un certificado de habilitación expedido por la Fuerza Aérea. Desestimó, a su vez, que la causa haya tenido que ver con la cantidad de pasajeros, ya que podían viajar hasta cinco personas en el helicóptero. Y destacó la labor de Abate, al advertir que “la oportuna determinación de la tripulación permitió minimizar las consecuencias del accidente, limitándose a daños mecánicos que deberán ser reparados”.

Recorte del diario El Independiente del 31 de mayo de 1994.

Fuentes del sector aeronáutico consultadas desestimaron esa versión. “Es verdad que las condiciones meteorológicas influyen bastante en el funcionamiento de la aeronave, pero tienen que ver también las capacidades del piloto al momento de evaluar las condiciones meteorológicas y mecánicas de la nave antes de despegar. Y pudo tener que ver el exceso de peso, porque voló varios metros a baja altura. No le pueden echar toda la culpa al clima”, indicó un piloto con basta experiencia en vuelos de montaña.

A su vez, fuentes citadas en su momento por El Independiente destacaron que el anterior responsable de la aeronave había aplicado una política restrictiva en cuanto a la cantidad de pasajeros que podían volar, lo que había molestado a Arnaudo, y consideraron que no era un helicóptero apto para vuelos de montaña.

EL FEDERAL solicitó oficialmente una copia del informe final sobre el accidente que elaboró la Junta de Investigación de Accidentes de Aviación Civil, pero hasta ahora no tuvo éxito. En estos momentos se espera la respuesta a una pedido de acceso a la información pública presentado por este medio a comienzos de marzo.

Veinte años, 9 meses y 8 días después del accidente en Potrero Grande se produjo el siniestro fatal en Villa Castelli. Fue durante la filmación de un reality show para la televisión francesa, cuando chocaron dos helicópteros Eurocopter AS350-B3. Uno era de la provincia de La Rioja y otro, de Santiago del Estero.

Como se dijo, Abate no quería realizar los vuelos en Villa Castelli. Según las fuentes consultadas, además de su temor a volar en alta montaña, tenía poca experiencia en helicópteros Eurocopter, menos de 12 horas de vuelo, de acuerdo a documentos oficiales a los que accedió EL FEDERAL.

“Santiago del Estero tenía tres helicópteros y él solía usar otro. Tenía mucha experiencia en los helicópteros Bell, que son americanos, pero no en los Eurocopter, que son franceses. Los dos tienen muchas diferencias a la hora de volar, porque el sentido de giro del rotor es distinto”, explicó una de las fuentes consultadas.

Un testigo contó a este medio que su inseguridad era tal, que no supo cuánto combustible cargar cuando llegó a La Rioja, por el peso del helicóptero. Y en Villa Castelli se lo vio varias veces repasando el manual de la aeronave.

Hay algo que llama la atención. Prácticamente nada de los que se menciona en esta nota figura en el informe final que elaboró la JIAAC sobre el accidente de Villa Castelli. Tampoco en el expediente que cursa en la justicia federal riojana. Es muy probable que el miedo de Abate a volar en La Rioja no haya sido determinante de la tragedia de 2015. Tampoco su poca experiencia con helicópteros Eurocopter ni el antecedente en 1994. Pero podrían ser algunas de las causas que confluyeron junto a otras, que deberían ser evaluadas por los investigadores, al igual que la irresponsable decisión de volar sin copilotos -sobre la que EL FEDERAL abundará en una próxima investigación con detalles jamás contados-, los negocios que había detrás del alquiler del helicóptero, la falta de autoridades durante un vuelo riesgoso y un déficit en la planificación. La culpa, que quede claro, no fue de Abate.

Para cerrar, una breve reflexión. El Independiente solía hacer en todos los fines de año un resumen de lo que pasó en los últimos 12 meses. En diciembre de 1994, en el artículo sobre el mes de mayo definió al accidente que ocurrió en aquellos días en Potrero Grande como “un fiel reflejo de la situación provincial”. La afirmación seguía vigente 7.589 días después del siniestro, cuando chocaron las aeronaves en Villa Castelli. Murieron diez personas. A cinco años del accidente, sus familiares todavía piden justicia.

* EL FEDERAL agradece a Mario Cuello, archivista del diario El Independiente, por su paciencia y generosidad a la hora de colaborar con esta investigación. 

** Las fotos de 1994 publicadas en esta crónica son gentileza de El Independiente.