Mientras Formosa dio de alta al último paciente con COVID-19 que tenía, dos ciudades de La Rioja están entre los pocos distritos del país que tuvieron que volver a fase 1 por el rebrote de COVID-19. Hace unos días el director del hospital Vera Barros, Sebastián Parisi, dijo que no es el momento de buscar culpables, pero a la vez es fundamental saber en qué nos equivocamos para no volver a repetirlos.

En ese sentido, desde EL FEDERAL hace rato insistimos en que la responsabilidad es compartida. Los vecinos no nos cuidamos y el gobierno provincial fue muy permisivo. Pero hay un par de cuestiones sobre la forma de encarar la fase de distanciamiento que vale la pena destacar.

La Rioja cayó dos veces en el mismo error. El primer pase del aislamiento al distanciamiento fue casi anárquico. Porque no sólo se dejó de controlar la circulación, sino que hubo poca presencia del Estado para asegurar ese distanciamiento, lo que contrastaba con el amplio despliegue de recursos humanos y mercadería para asegurar el aislamiento de pacientes y sus contactos estrechos.

Hubo, además, otro error clave: el gobierno se focalizó en el centro de la ciudad, cuando el problema estaba en los barrios. Pero hay una cuota extra que le quita responsabilidad al gobierno: el principal foco de infección fue puertas adentro de los hogares, donde la capacidad de control del Estado es mínima.

Con el primer rebrote, La Rioja ya había vuelto a la fase 1. Entonces ahí se volvió a controlar la circulación, pero poco después se retornó a la “nueva normalidad”, que más bien se parecía a la “vieja normalidad”. Otra vez descontrol. Otra vez se pasó de un extremo a otro. Lo pagamos caro. Y por tercera vez La Rioja regresó a la fase 1.

Los más perjudicados son los del sector privado que se habían endeudado para reabrir sus locales y ahora, nuevamente, pagarán el costo. La ayuda del Estado no alcanza.

También lo pagarán los profesionales, que no recibieron absolutamente nada del gobierno provincial, que se focalizó en desempleados, trabajadores informales y empresas, pero dejó a un lado a ese sector de la clase media del que depende una parte de la economía.

Entonces, ya lo sabemos. Salir de la fase 1 no necesariamente implica caer en el descontrol. Es una lección que, una vez más insistimos, todos deberíamos aprender: autoridades y vecinos.

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