Con un histórico problema de inflación, que en los últimos dos años rondó el 50% -y en este momento gira en torno al 40% interanual- los argentinos ven con preocupación cómo su salario en pesos pierde valor cada mes.

A la escasez de la moneda estadounidense y una extensa cuarentena impuesta por la pandemia de Covid-19, se han sumado en los últimos días otros obstáculos para la recuperación económica, como la caída de los bonos en dólares recientemente reestructurados.

En medio de las turbulencias, Steve Hanke, profesor de Economía Aplicada de la Universidad Johns Hopkins, en Baltimore, e investigador del centro de estudios CATO Institute en Washington, D.C., insiste en que la solución es dolarizar la economía.

Una idea que genera profundas divisiones y que sus detractores consideran completamente fuera de la discusión actual.

En conversación con BBC Mundo, Hanke -quien asesoró a Ecuador en su dolarización- dice que «hay que matar el peso. El peso es un veneno, un cáncer». La entrevista fue editada por razones de claridad y concisión.

-El debate sobre una eventual dolarización en Argentina lleva décadas. Usted ha escrito recientemente que llegó la hora de abandonar el peso. Si en todos estos años la idea nunca ha ganado tracción política, ¿por qué cree usted que ahora sí es el momento de hacerlo?

-Ahora es el momento. Y lo mismo planteé en 1999 cuando elaboré un informe que establecía los detalles de cómo se podía llevar a cabo la dolarización.

-Ese informe se lo pidió el expresidente Carlos Menem, ¿no?

-Sí. La idea de dolarizar ha estado dando vueltas desde hace muchos años. Es que el peso es el talón de Aquiles de todos los problemas en Argentina y lo ha sido por más de un siglo.

Cada 10 o 12 años Argentina enfrenta una crisis del peso, la economía colapsa, todos pierden sus ahorros. Respondiendo a tu pregunta sobre si ahora es un buen momento para dolarizar, la respuesta es sí. Es un buen momento hoy y fue un buen momento en 1999 y fue un buen momento en 1995.

-Pero si no funcionó ni el 95, ni el 99, ni en ninguna otra crisis, ¿por qué ahora sí podría funcionar?

-Porque la gente en la Argentina está harta del peso. Ellos quieren deshacerse de esa moneda. La Argentina debería abandonar el patético peso y ponerlo en un museo.

Esto pasa cada vez que hay problemas y aparecen nubes de tormenta. En el mercado negro el peso está a más de 80 por dólar.

La inflación va a empeorar, el peso perderá su valor y todos seguirán tratando de conseguir dólares. El problema es que el Gobierno está tratando de detenerlos. En las últimas semanas ha creado más regulaciones para dificultar el acceso de los argentinos a los dólares.

Si el dólar sube, quien quiera que sea el político que lidere una campaña por la dolarización se transformaría en un héroe nacional.

-Sin embargo, no están dadas las condiciones políticas para que ocurra algo de esa naturaleza…

-La gente está a favor del cambio. La clase media y las personas de bajos ingresos son los que más pierden al tener un peso tan patético. Los ricos tienen su dinero en Uruguay, Miami o Nueva York. Son los trabajadores los más afectados.

Hoy es el momento de dolarizar porque la idea está ganando terreno.

-Pero no dentro del gobierno de Alberto Fernández.

-Nunca sabes dónde empiezan las cosas. Es como el fuego. Primero comienza un fuego pequeño que crece y se convierte en un gran fuego. Si el gobierno quiere oponerse a la idea, se volverá muy impopular.

La gente quiere deshacerse de los pesos y los que pueden se van a vivir a Uruguay. La gente está comprando hasta bitcoins. Si yo fuera un médico, le diría al paciente que su problema son los pesos.

-Hay otras alternativas para enfrentar la crisis económica que no pasan necesariamente por dolarizar la economía…

-Hay que matar el peso. El peso es un veneno, un cáncer. Argentina podría ser el mejor país de Latinoamérica si se deshiciera de él.

-Pero si Argentina dolarizara perdería todo tipo de flexibilidad, se quedaría sin municiones para estabilizar la situación monetaria.

– Ese es el problema, precisamente: porque tienen flexibilidad. La oferta de dinero está creciendo a una tasa superior al 50% anual. Tienen flexibilidad y hacen las cosas mal.

Hay que ponerles una camisa de fuerza monetaria. Y la manera de hacerlo es dolarizar. Así el Banco Central no puede darle crédito a las autoridades fiscales.