Diego Maradona fue un personaje muy importante a nivel mundial por su trayectoria en el mundo futbolístico en el que se lo considera como el jugador más importante de la historia.

Ya durante la gestión de Carlos Menem, en los ’90, Maradona se mostró muy cerca del presidente peronista. Tanto, que le dedicó su libro «Yo soy el Diego» y en una entrevista aseguró que, si el exgobernador de La Rioja se lo pedía, compartiría fórmula presidencial con él en cualquier elección.

Las versiones indican el romance duró poco, porque Maradona incluso acusó al gobierno de organizar el allanamiento de 1991.

«Yo quiero que Menem sea el mejor presidente que tengan los argentinos de acá al 3000», dijo Maradona en el momento que asumió Carlos Menem.

Su muerte en horas del mediodía de este miércoles, causó conmoción y se comenzó a recordar su pasado, su vida y las inclinaciones políticas que tuvo a lo largo de sus 60 años.

Si bien en el último tiempo se mostró afín al kirchnerismo, lo cierto es que en otras épocas de su vida, estuvo muy cerca de otros líderes de la Argentina, como en el caso de Carlos Menem.

Diego Maradona tuvo un pasado menemista y hay varias fotos que lo comprueban: en una de ellas se lo puede ver usando una remera con el rostro de Domingo Cavallo, ministro de Economía bajo la tutela de Carlos Menem durante el periodo 1991-1996.

Luego, en otras imágenes, está al lado del ex Presidente abrazados y sonriendo para la cámara. Incluso, el día antes del debut en Italia 1990, Carlos Saúl designó al 10 como “asesor y embajador deportivo”. Claro que esta relación le valió cientos de críticas, especialmente porque después comenzó a apoyar a Cristina Kirchner.

Hace 30 años, el entonces Presidente designaba al 10 como “asesor y embajador deportivo” en la víspera del partido ante Camerún

Diego Maradona lo hizo esperar sentado al presidente Carlos Menem. La Selección estaba reconociendo el césped del estadio San Siro el día anterior al debut con Camerún y Diego se había demorado conversando con los cantantes Gianna Nannini y Edoardo Bennato, quienes hacían la prueba de sonido de «Un Estate Italiana». En la sala de prensa, una enorme carpa al costado del estadio, vio entrar, por fin, a Maradona.

Hubo abrazo. Sonrisas. Y una multitud de cronistas preparados. El vocero Humberto Toledo abrió el acto y Menem, que llevaba 11 meses exactos en el poder luego del adelantamiento de la entrega del gobierno por parte de Raúl Alfonsín, procedió a justificar el nombramiento de Maradona como «asesor y embajador deportivo» de su gestión.

Habló largo el presidente y hasta mentó a los romanos, a los griegos y a Platón para explicar el sentido que daba al deporte, y el espíritu lúdico de la naturaleza humana.

A su derecha, Diego, vestido con la camiseta de la Selección, escuchaba. Y a la derecha de Diego, Carlos Bilardo. «Muchas gracias, Presidente. Se lo agradezco en mi nombre y en nombre de mis padres», respondió el capitán.

Llegó el momento de las fotos y de los saludos, como de una reunión de amigos. Fernando Galmarini, el padre de Malena y hoy suegro de Sergio Massa, abrazó a Maradona. El embajador Carlos Ruckauf hizo una broma cuando le estrechó la mano a Maradona: «Felicidades, colega», le dijo dos veces.

Luego hubo ronda de preguntas. La primera fue para Menem, que tenía un vendaje en la mano derecha y vestía un impecable traje gris verdoso. Lo consultaron sobre si no le molestaba que su comprovinciano Ramón Díaz​ no estuviera entre los convocados del plantel argentino. Diego meneó la cabeza, sonrió y comentó algo con Bilardo. Menem movió la cintura: «Confío plenamente en la decisión de Carlos Salvador, él es el director técnico, yo solo hablé como hincha, como decimos en Argentina, o tifosi como dicen acá».

Bilardo explicó por qué Jorge Valdano también se había quedado afuera. Y Maradona contó a qué iba a Argentina al Mundial: a «tratar de defender» el título del 86. Pura diplomacia. Después de todo, ya era embajador.