*Por Juan Pablo Parrilla

Heber Gómez era adicto a la cocaína. Así lo confirmaron todas las fuentes que EL FEDERAL entrevistó para escribir una nota, en junio de 2019, sobre el femicidio de Jéssica Oviedo. La primera duda que manifestó Carina, la madre de la joven asesinada, es cómo había hecho Gómez para ingresar a la policía.

Dicen que él toda la vida fue adicto. Según nos contaron, la madre no sabía qué hacer, porque no lo podía sacar de la adicción, y se lo dio al padre para que se haga cargo; entonces, [el ex comisario] Teodoro Gómez le hizo terminar el secundario y lo metió en la fuerza. Pero no creo que haya hecho el curso, porque un adicto no pasa un examen de ingreso o un test psicológico. ¿Por qué le dieron un arma a un adicto?”, se preguntó Carina.

Seis meses antes, poco después del crimen de Jéssica, el 30 de noviembre de 2018, EL FEDERAL publicó una nota sobre los test psicológicos en la Escuela de Policía. Entrevistada para ese artículo, su entonces directora, Ilda Lucero, pidió expresamente que se le practiquen test psicológicos anuales a los miembros de la fuerza. Y dijo que para ello se necesitaría más presupuesto.

Para ese entonces ya había indicios muy evidentes de que algo había que hacer. Además de los múltiples hechos de violencia y excesos protagonizados por policías, incluidos muchos casos de violencia contra las mujeres, había dos antecedentes concretos en el corto plazo de policías asesinos: el femicidio de Romina Ríos y el crimen de Danilo Heredia.

Es en ese marco en el que hay que interpretar el femicidio de Noelia Albornoz en el barrio Urbano 41 y las posteriores declaraciones que hizo ayer la ministra Gabriela Asís, una reacción positiva, pero tardía, sobre un problema que no es nuevo. Como ocurre siempre en Argentina, las tragedias desencadenan reacciones de los Gobiernos, a veces más preocupados en cuidar su imagen que en gestionar.

Por lo pronto, el caso de Jéssica Oviedo sigue impune. Si bien el femicida no pudo ser juzgado porque se quitó la vida, nunca se investigó a su padre, el ex comisario Gómez.

Lo que sigue son algunas de las preguntas que todavía se hace la familia Oviedo: ¿el ex comisario Gómez hizo gestiones para que su hijo ingrese a la fuerza? ¿Dónde está el test psicológico de Heber Gómez? ¿Lo analizó algún psicólogo? ¿El arma homicida se la había dado el papá cuando se retiró? ¿Qué hacía Teodoro Gómez en la escena del crimen?

Hay algo más que potencia la indignación. Según denunciaron los Oviedo, a Heber Gómez lo enterraron con honores policiales. Quien dirigía la policía en ese momento era Marcelino Elizondo, apartado de la policía cuando ya era imposible mantener en silencio las denuncias que tenía por violencia de género.