[EDITORIAL] El furcio de Quintela sobre los cabarets y la vocación mediática por lo banal

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Los últimos días fueron de mucha exposición para el gobernador Ricardo Quintela. Su decisión de prohibir la circulación sin barbijo en La Rioja derivó en un raid de entrevistas en medios nacionales que terminó siendo viral, no por la crítica o la defensa de su decisión, sino por un furcio que se divulgó en grupos de WhatsApp y diarios de todo el país.

Ayer a la tarde, colegas de la Ciudad de Buenos Aires y del resto del país empezaron a buscar a periodistas locales para chequear si un audio que se había viralizado era cierto. Alguien, que resultó ser Quintela, enumeraba las medidas que había tomado para paliar la pandemia y lanzó un “acá tenemos cerrados los cabaret”. Luego se corrigió: “Perdón, fiestas, bares, confitería, boliches bailables, hoteles, tiendas, tenemos todo cerrado”.

¿Fue importante el error? No, para nada. ¿Es gracioso? Puede ser para una conversación de café. ¿Está mal que los medios le den tanta trascendencia? Sí. Sin “peros”. Porque en este contexto hay demasiados temas para hablar que quedaron afuera de la agenda. Y de eso se trata este editorial.

Ayer fue un día muy importante, porque Quintela dio definiciones por todos lados. Habló incluso de la posibilidad de emitir cuasimonedas, algo que puede ser clave en el futuro de la provincia y del país. También dijo que no tiene garantizado el dinero para pagar los sueldos de mayo, por la caída de la recaudación y la consiguiente merma de la coparticipación. Habló de los chicos en las casas en lugar de las escuelas, de la cantidad de respiradores que hay en la provincia, de la necesidad de extender la cuarentena.

En suma, se hablaron de muchos temas que necesitan discusiones, disensos, consensos, críticas, aportes. Pero nos perdimos en el furcio, en lo banal, que en otro contexto podría haber sido divertido.

Esto no quiere decir que el que no le da importancia al furcio tenga que ser necesariamente un defensor de Quintela. Muy lejos de eso, EL FEDERAL asumió desde que fue lanzado una posición crítica del peronismo en general, pero el planteo pasa por otro lado: por hacer lugar a los debates importantes. ¿Es bueno que las provincias emitan cuasimonedas al mismo tiempo que el Banco Central acelera la impresión de billetes? ¿Cómo está afectando el freno de la economía a los riojanos? ¿Y a su salud? ¿No llegó la hora de buscar puntos de equilibrio?

Un ejemplo: hay monotributistas de las categorías C ó D que desde hace un mes no cobran un sólo peso, como psicólogos o kinesiólogos, que no pueden hacer nada para llevar dinero a sus casas. Ayer, por caso, varios colegios de profesionales de La Rioja se unieron para solicitar algún tipo de ayuda estatal, que se enfocó hasta ahora en los más pobres y en las empresas, pero no la enorme clase media, buena parte de la cual no tiene ahorros para mantenerse. ¿Y si le pedimos a los empleados públicos que también hagan un esfuerzo, a la par del resto de sus vecinos?

También ayer el vicepresidente de la cámara empresarial, Crescencio Botiglieri, manifestó su preocupación por la extensión de la cuarentena. “Los empresarios de PyMEs no tenemos un respaldo muy fuerte para aguantar”, advirtió. ¿Y si la crisis se traduce en despidos o cierres de empresas? ¿Es lo mismo el dueño de Techint que el de un negocio de barrio que tuvo que cerrar?

En ese marco, por la tarde, sectores afines al gobierno viralizaron una nota de la agencia Télam en la que se informaba, en el año 2012, el cierre de prostíbulos en La Rioja, en plena gestión de Quintela en la capital. Fue la manera de defenderse de la demagogia de turno. Y por la noche, el propio gobernador salió por la cadena Todo Noticias a aclarar que lo que dijo “fue un furcio”.

¿Era necesario? ¿Alguien puede pensar que lo dijo en serio? ¿No era preferible que explique por qué se le fue de las manos la epidemia de dengue, en qué estado está el sistema de salud o qué piensa hacer para que la crisis no siga destruyendo la economía?

Lo curioso es que muchas veces fue la corporación política la que promovió los debates banales y ahora es la propia dirigencia la que debe retomar la senda de la seriedad. Listo, ya pasó: Quintela ya lo explicó, dijo que fue un furicio y a otra cosa mariposa. Volvamos a nuestras vidas. Estamos en medio de una pandemia histórica y necesitamos debatir los temas importantes. Un error en una declaración no nos va a cambiar la vida, pero una mala política pública sí. Entonces, hablemos de eso.