*Por Juan Pablo Parrilla

Con la idea de convertir al problema de la basura en una oportunidad, el gobierno de La Rioja firmó un acuerdo con la Casa Rosada, a partir del cual se constituyó el consorcio GIRSU, cuyas siglas significan “Gestión Integral de los Residuos Sólidos Urbanos”. La idea es crear un plan a largo plazo, cuyo diseño ya se está licitando con un crédito del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) a la Nación, y ejecutarlo con la misma fuente de financiación. La iniciativa es muy ambiciosa y el tiempo dirá si llega a concretarse.

En las ciudades más grandes de La Rioja se generan por día entre 600 y 900 gramos de basura por persona, según la clase social (el que más consume, más genera). La cifra desciende un poco en el interior, pero la provincia está dentro del promedio general del noroeste argentino.

Al margen de las estadísticas, hay una realidad que las propias autoridades reconocen. “La Rioja no está dando en la tecla en el tema de residuos sólidos urbanos. Ni en la recolección, ni en la logística, ni en el tratamiento, ni en la disposición final. Los vecinos se sacan de encima la basura como pueden y la consecuencia son los microbasurales”, comentó a EL FEDERAL el secretario de Ambiente, Santiago Azulay. “Al no hacernos cargo, nos perdemos la oportunidad de solucionar el problema, generar trabajo genuino y  agregar valor a lo que puede ser un residuo o una materia prima, según como se mire”, agregó.

En ese marco, el 21 de mayo se firmó un acuerdo con la Nación en una videoconferencia que encabezaron el gobernador Ricardo Quintela y Azulay, de un lado, y el ministro de Ambiente, Juan Cabandié, y el secretario de Control y Monitoreo Ambiental, Sergio Federovisky, del otro.

El acuerdo se firmó el 21 de mayo.

La primera buena noticia de ese convenio pasó bastante inadvertida: el gobierno nacional se comprometió a financiar la creación de un plan de gestión integral de la basura en algunas zonas del norte del país, entre ellas, La Rioja, con un crédito del BID que había sido acordado hace unos años y estaba parado.

El objetivo es traer a La Rioja una tendencia mundial: la regionalización de los recursos. Así lo explicó Azulay: “Se necesita un determinado volumen de basura para que el proyecto sea económicamente sustentable y que no sea necesario subvencionar el sistema toda la vida. Por eso se hizo el consorcio, que divide a la provincia en cinco regiones”.

La realidad, entonces, es que “La Rioja no puede tener 18 enterramientos sanitarios, 18 plantas de tratamiento, 18 sistemas diferenciados”. Por eso se eligieron cinco departamentos, que serán las cabeceras del plan, a donde estarán los nodos de abordaje de la basura: Chilecito, Rosario Vera Peñaloza, Independencia, General Belgrano y Vinchina.

La segunda noticia del convenio es el aporte de maquinaria que hizo el Ministerio de Ambiente a la provincia. Por un lado, para erradicar basurales a cielo abierto. Son excavadoras, palas frontales, camiones volcadores y de caja cerrada con plataforma hidráulica trasera, carretones, autoelevadores eléctricos y minicargadoras. Y por otro, para la separación y el reciclado: trituradoras de vidrio y de cascotes, guillotinas de neumáticos, balanzas de piso, enfardadoras y puntos verdes móviles con contenedores.

El plan

Lo más costoso de todo el sistema de gestión integral de residuos es la logística del traslado de los residuos. Por eso el tema necesita tanto estudio. Se estima que en las cinco regiones en las que se dividirá la provincia habrá lugares que serán centros de disposición final y otros, de disposición transitoria. A eso se sumarían tres centros de reciclaje y compostaje: uno en los llanos del sur, otro en el oeste y otro más grande en la capital.

La separación de la basura en origen es el otro desafío. Para eso hay mucho por delante. En la capital provincial se viene trabajando en el tema, con algunas acciones y mucha propaganda. Pero el problema no sólo pasa por la concientización y los puntos verdes, sino que el Estado necesita cierto equipamiento. Un ejemplo: hoy la mayoría de los camiones de recolección son compactadores, que no sirven para reciclar, porque mezcla lo orgánico con lo inorgánico al prensar los residuos.

Los camiones de recolección deberán adaptarse.

Por lo pronto, hasta que lleguen las máquinas que se esperan entre septiembre y noviembre, en la Secretaria de Ambiente están trabajando en igualar las legislaciones de los municipios, que -entre otras cosas- deberán trabajar en ordenanzas sobre separación en origen, economía circular, recolección, reciclaje, compostaje. “Es fundamental que hablemos el mismo idioma y que haya reglas claras”, planteó Azulay, que hace dos semanas cursó a los 13 intendentes que no firmaron el acuerdo una invitación con información para que adhieran al consorcio.

Una vez que se conozca el plan, la Provincia espera que el proyecto sea financiado con el mismo crédito del BID, cuyos costos fueron asumidos por la Nación. En el gobierno se esperanzan con que el año que viene esté listo el diseño y empezar a avanzar con la ejecución. El desafío, ahora, es convertir en hechos un buen proyecto y que el anuncio, como ocurre tantas veces, no muera en las palabras.