Gastón Velázquez, de 33 años, no tenía un hisopado positivo. El único síntoma compatible con coronavirus fueron los fuertes mareos que sintió en la madrugada del 24 de junio. Su pareja, Raquel Chaparro, llamó seis veces a la obra social y otras tres al SAME. La ambulancia no venía. Hasta que llegaron dos juntas. A Gastón lo bajaron en silla de ruedas de su departamento y lo recostaron en la camilla de la atención privada. Pero la ambulancia nunca arrancó. Fueron más de tres horas de agonía frente a su edificio, en Lugano. Gastón murió en esa ambulancia, mientras su mujer le sostenía la mano.

“El médico llegó y dijo: ’Covid covid covid, hay que trasladarlo’. Yo le insistía que él haga algo y me decía que no, que no tenía dónde llevarlo, que había que esperar. Él no lo atendió en ningún momento. Lo dejó morir”, dice Raquel a Clarín. Apunta al abandono de persona por parte del médico, quizá, por miedo al contagio y a otras eventuales responsabilidades. Como la de la empresa privada que presta servicios para la Obra Social de Agentes de Loterías y Afines de la República Argentina (Osalara) y fue allanada días atrás.

“Yo no sé por qué no atendió a un paciente que estaba desmejorando de a poco cada vez más en esa ambulancia. Puede ser eso o no, lo único que vamos a probar es que es un médico que no actuó como médico. No intentó salvar una vida”, agrega su abogado, Sergio Volman, que está a cargo de la querella junto a Ana Clara Marconi.

Pocas horas después del fallecimiento, y con la autorización de la familia, el cuerpo de Gastón fue cremado. No se podrá saber la causa de su fallecimiento. Tampoco si estaba infectado o no. Según Raquel, eso era una certeza para el médico que tocó el timbre en su departamento.

Gastón, que trabajaba en una local de fotocopias, comenzó a salir hace nueve años con Raquel, se casaron en 2018 y se mudaron juntos al edificio de avenida Escalada al 2500 donde, el 23 de junio a las 23.21, ella hizo el primer llamado al call center de Osalara por los mareos de él.

“Con toda la demora que hubo, luego vino el enfermero y lo llevaron en silla de ruedas hasta la ambulancia, lo pusieron en la camilla y lo dejaron así, sin asistirlo de ninguna manera mientras ellos se sentaron en la parte de adelante. Durante tres horas esperamos adentro de la ambulancia. Yo insistía e insistía varias veces para que lo vieran, que por favor lo revisaran, que no lo veía bien, que por favor lo trasladaran a algún hospital a algún lado, aunque sea a la guardia si no había camas… por si llegara a pasarle algo. Me respondían ’No podemos hacer nada, es sospechoso de covid’, ’Nos tienen que autorizar’, ’No podemos medicarlo tampoco, es posible covid’, ’Este hombre está cagado de frío, cierren las puertas, va a contagiar a todo el barrio’ , ’Señora, tiene que esperar””, detalla Raquel.

Dice que tanto el enfermero como el doctor, desde que subieron a Gastón a la ambulancia, “nunca bajaron ni lo vieron”. Mientras, su marido iba empeorando. “Estaba a su lado y veía que no estaba bien. Hasta que de repente abrió sus ojos, le hablé y no me respondió. Ahí le digo al doctor: ’Por favor, ¿qué le pasa en los ojos?’. Recién ahí salieron y lo vinieron a ver. Pasaron unos minutos y me dijeron que falleció… pasaron unos minutos más y me dijeron que tenían que bajarlo y dejarme el cuerpo de nuevo en casa”, relata.

“Raquel no lo permitió. Pero querían reingresar el cuerpo a su departamento. Como desligándose del problema. A Gastón lo abandonaron antes, cuando no lo atendieron, y querían abandonarlo después, cuando ya estaba muerto”, sigue el abogado.

En su descargo ante la Justicia, desde la obra social aseguran que se adjuntó el contrato firmado con la empresa prestataria de las ambulancias y manifestó que esa firma también gestiona la línea 0800 a la que deben llamar los afiliados en caso de emergencia. La empresa que presta el servicio de call center a Osalara registró la muerte a las 6 de la mañana del 24 de junio, cuando el paciente era trasladado a un hospital de Quilmes. La obra social afirma que efectivamente se realizaron consultas para internar a Gastón en diez instituciones cercanas y todas fueron rechazadas.

La investigación, por parte del fiscal penal, contravencional y de faltas porteño Aníbal Brunet, se centra en dos hipótesis: si existió el delito de abandono de persona o si se trató de un caso de omisión de auxilio.

En el allanamiento a la empresa de ambulancieros se obtuvieron dos elementos clave para la causa, los celulares del médico que llegó a la casa de Gastón. En el transcurso de la próxima semana se realizarán los peritajes para ver mensajes y llamadas. Pero hay otro punto que podría ser determinante, explica Volman. El sistema de geolocalización privado, para saber si la ambulancia estuvo casi cuatro horas estacionada en la puerta del edificio de Gastón y Raquel.

Del lado de la querella, presentarán imágenes de las cámaras de seguridad de la Ciudad y llamarán como testigo a un policía que estaba en esa cuadra y se acercó cuando llegó la primera ambulancia.

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