*Por Juan Pablo Parrilla

Todos los focos de COVID-19 son por irresponsabilidades, en general vinculadas a reuniones sociales. Cualquiera se puede contagiar aun cumpliendo con los protocolos de bioseguridad, pero muchas infecciones alrededor de un caso indican que se violaron las medidas contra la pandemia. A partir de la consulta a varias fuentes, EL FEDERAL reconstruyó varios casos reales que se dieron en La Rioja, algunos de los cuales terminaron con la muerte de familiares. Y ante ello surge una pregunta de cara al Día del Niño: ¿estás dispuesto a poner en riesgo a la gente que querés?

En los últimos días, dos casos que encendieron las alarmas de las autoridades en La Rioja fueron dos fiestas celebradas por jóvenes. Una de ellas, con una veintena de asistentes, terminó con al menos siete contagios. La otra es más paradigmática. Asistieron unas treinta personas, al menos ocho de las cuales se infectaron. Pero los involucrados no quisieron reconocer que habían ido al evento, hasta que la investigación del Comité Operativo de Emergencias lo confirmó. Recién ahí admitieron que se había tratado de un mero “encuentro”.

Ese es justamente uno de los problemas que resaltan en el COE: a veces hay vergüenza de decir la verdad. Hubo un caso, por ejemplo, de un sujeto que tenía una doble vida y contagió a las dos familias. También infidelidades que salieron a la luz, en algunos casos porque lo confesaban los pacientes y, en otros, porque los amantes se presentaban para pedir que los hisopen. «Él no lo va a decir, pero estuvo conmigo», contó una mujer. Son casos reales que ocurrieron en La Rioja.

En ese sentido, un caso emblemático es el de un importante líder eclesiástico, que habría realizado una celebración clandestina, según la principal hipótesis del COE. Si bien es muy difícil establecer a ciencia cierta cuándo y cómo se producen las infecciones, los especialistas trabajan en base a fechas y hechos, y tejen teorías. Una de ellas plantea que ese evento religioso habría sido cuando estaban prohibidas las misas. Allí asistió una mujer, cuyas hermanas, que eran vecinas entre sí, fallecieron por COVID-19.

Otro caso que terminó con una víctima fatal fue alrededor de un supermercado. Hubo un foco durante una reunión que hicieron entre compañeros de trabajo el sábado anterior al Día del Padre, después del horario laboral. Estiman que hubo unos 15 contagios alrededor de ese evento.

Una empleada que participó de esa reunión entre compañeros de trabajo poco después fue a un cumpleaños. Al menos un miembro de cada familia que asistió a esa celebración se contagió, entre ellos, el padre de la mujer y abuelo del cumpleañero, que falleció. Sus familiares no lo pudieron despedir, porque estaban aislados. Su hija estaba en un hotel.

Hubo otro similar, de una familia que se juntó para el Día del Amigo y desencadenó más de una decena de contagios. El dolor de transmitir el virus a un ser querido no es un tema menor. Hay un caso, por ejemplo, de una empleada del gobierno provincial que por su actividad no pudo dejar de trabajar, que habría contagiado a su padre, que falleció en el Hospital Vera Barros. La mujer entró en depresión.  

Uno de los focos más grandes de la provincia se dio en el Sanatorio Rioja, según las fuentes consultadas. De acuerdo a la hipótesis de las autoridades, una empleada de la clínica infectó a su esposo, que a su vez contagió a un vecino, que le transmitió el virus a su hermana comerciante, que contagió a cuatro clientes, uno de los cuales trabajaba en una fábrica. El marido de la mujer había asistido, además, a algunas reuniones, y prácticamente todos los días había recibido gente en su casa debido a su trabajo.

La tarea de los miembros del COE para armar ese gran mapa de contagios en La Rioja es titánica. Para ello utilizan un software que los ayuda. Hay catorce personas abocadas a esa tarea de lunes a lunes, a veces hasta muy entrada la madrugada. Cada llamada a los pacientes y sus contactos estrechos representa unos 40 minutos de preguntas. Y muchos de los entrevistados esconden la verdad o los síntomas. Los investigadores piden, por favor, la máxima colaboración, por más que implique confesar una irregularidad. Es una de las claves para aplanar la curva de contagios.

Tal el caso de un médico que violó la disposición de trabajar sólo en el sector público o privado que había ordenado el gobierno provincial para evitar que desparramen el coronavirus. El profesional, a pesar a la normativa, cumplía funciones en un sanatorio y hacía guardias en un hospital. También es real el caso que contó el gobernador Ricardo Quintela de médicos que compartieron un mate y se contagiaron entre ellos. El paso del tiempo hace que muchos bajen la guardia.

El interior no ha sido la excepción. Hoy parte de las miradas están puestas en Chamical. Hubo un caso, por ejemplo, de una persona que fue a buscar unas cajas por un tema laboral, se quedó charlando con otra y la contagió. Algo tan nimio como una conversación informal fue el foco, porque no se cumplieron las medidas de bioseguridad.

Detrás de cada caso hay una historia. Muchas terminaron mal, con muertes, peleas, divorcios. Todo fallecimiento es de por sí doloroso. Pero la forma, por un contagio muchas veces evitable y en soledad, es todavía más amarga. “No sé si a mi hijo lo mató el COVID-19 o la tristeza”, contó a las autoridades la madre de un joven con discapacidad que falleció tras varios días de internación en la soledad de un hospital.

Con toda esa información a cuestas, es momento de retomar la pregunta inicial. ¿Hasta qué punto estás dispuesto a poner en riesgo a un ser querido? Ojalá estas historias reales sirvan para repensarlo y afinar la respuesta.