La ley que legaliza el aborto en Argentina se aprobó con mucha más holgura de la esperada, en parte debido a la ausencia de la diputada conservadora Clara Vega. El faltazo a la hora de votar huele a podrido.

Vega es la única representante de La Rioja en el Senado que podría aportar un legislador que juegue a favor de los intereses del peronismo (con un faltazo o una abstención, por ejemplo), ante la cerrada oposición de Julio Martínez y los problemas de salud de Carlos Menem.

En los últimos meses fueron públicas las reuniones que Vega mantuvo con el gobernador Ricardo Quintela, que salió a apoyar su insólito proyecto de quitarle el presupuesto a la sede de la UNLAR de Arauco para dárselo a una universidad nueva, sin prestigio ni experiencia, pero con autoridades puestas a dedo por ella.

Ayer trascendió a través de varios periodistas que un dirigente riojano acercó a Vega, poco antes de la votación, a la Casa Rosada. Ante el silencio de la senadora, esa alianza quedó muy expuesta. Habrá que ver qué excusa busca la dirigente para justificarla.

El problema no es si finalmente apoyó o no el proyecto, sino cómo y por qué lo hizo. Para algunos la «rosca» es parte de la política. Para otros, hay límites, que tienen que ver con los valores centrales de los políticos, las bases de su pensamiento y su contrato con los electores. Para los que creen que no todo es negociable, lo que hizo Vega es imperdonable. Otros dirán que son las reglas de la política.

Lo cierto es que lo que ocurrió traerá consecuencias en la política local. La relación de Vega con el sector radical-macrista al que se supone que pertenece es tensa desde hace tiempo, sobre todo desde que sus aliados buscaron frenar su asunción como senadora. Habrá que ver cómo se alinean los planetas a partir del faltazo a la sesión del martes y la visibilización de algo que ya era vox pópuli.

Cupo en La Rioja

Vega llegó al Senado gracias a una ley que se aprobó en época de Menem como presidente, la ley de cupo -hoy llamada usualmente «ley de paridad de género»-, que este año se sancionó a nivel provincial en La Rioja. Si no existiera la norma, en lugar de Vega hubiera asumido José Rivero, que estaba antes que ella en la lista.

Esa ley fue clave en el resultado de la votación del Senado. Así lo reflejan las estadísticas. Según informó Chequeado, el 68% de las mujeres votaron a favor, mientras que entre los hombres sólo el 43% avaló el proyecto. Es posible inferir de esos datos que el aborto no sería ley si en la cámara alta sólo hubiera varones.

Ahora que la ley de paridad de género se aprobó también en La Rioja, es posible creer que irrumpan nuevas normas en esa dirección a nivel provincial. Una que esperan con ansias en el sector LGTBIQ+, ligado al feminismo, es la ley de cupo trans, por ejemplo.

Obstáculos

El último punto a tener en cuenta son los objetores de conciencia, que la ley permite que existan y que en La Rioja serían muchos. En Salta, por caso, le pusieron una cifra: el 95% de los médicos se negaría a interrumpir un embarazo.

Esa cifra, en los hechos, se tradujo en Salta en muchas barreras para aplicar los abortos que hasta ahora estaban permitidos. Frente a ello, hay una realidad: habrá más abortos en los hospitales, porque dejarán de ser clandestinos. Y si faltan médicos para practicarlos, es posible que haya un conflicto en puerta que se sentirá con fuerza en las provincias más celestes, más allá de que el texto de la ley incluye alternativas para garantizar la voluntad de la mujer.

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