Tras pasar casi 24 horas atrincherado en su despacho, y teniendo en cuenta que no llegaba el apoyo del Gobierno nacional, el suspendido gobernador de La Rioja, Ángel Maza, el 14 de marzo del 2007 al mediodía, cedió la gobernación a su enemigo político, el vicegobernador Luis Beder Herrera.

Había transcurrido una jornada de total caos en La Rioja, con la Casa de Gobierno rodeada de manifestantes que apoyaban a Maza atacando a la Policía con palos y piedras.

Maza, un ex menemista devenido a kirchnerista que ya llevaba 12 años ininterrumpidos en el poder, había sido destituido por los legisladores, acusado en varios juicios políticos, que según testigos de la época, fueron armadas por Beder Herrera con la complicidad de jueces y legisladores de la provincia.

En la Casa Rosada, en un comienzo habían empezado a evaluar una posible intervención de la provincia, pero la medida implicaría un enorme costo político que Nestor Kirchner no estuvo dispuesto a arriesgar en medio de un año electoral.

Pasadas las 12 del mediodía, cuando la gobernación riojana quedó liberada, Beder Herrera pronunció un discurso en el que elogió a Kirchner por dejar que la crisis institucional «se resuelva en La Rioja».

A la espera de un apoyo del Gobierno nacional que nunca llegó, el suspendido gobernador riojano, Ángel Maza, pudo estirar su agonía hasta el mediodía del 15 de marzo, cuando en un nuevo pico de violencia la Policía riojana volvió a irrumpir en la Casa de Gobierno para echarlo definitivamente.

Poco después tomó posesión su rival y artífice de la movida, el vicegobernador Beder Herrera, quien elogió al presidente Kirchner por no intervenir la provincia y prometió acordar con el Gobierno nacional el llamado a elecciones anticipadas.

Según se pudo sondear en fuentes oficiales, la posibilidad de una intervención federal a La Rioja empezó a alejarse ese mismo mediodía. Kirchner soltó así la mano a Maza, un gobernador ex menemista pasado al kirchnerismo con armas y bagajes, para no quedar comprometido en un problema mayor como decretar una intervención en un año electoral.

En los mismos despachos oficiales de Casa Rosada despotricaban contra el «golpe» de Beder Herrera, y el posible costo que esto podía traer a tres meses de las elecciones.

Aunque el Gobierno y el Beder lo negaron, hubo un canal de diálogo abierto entre ambos. El último capítulo de la feroz pelea de poder entre los dos antiguos socios enfrentados arrancó por la mañana, cuando el juez Miguel Morales volvió a ordenar su desalojo de la Casa de las Tejas, sede del gobierno. Maza resistía allí su destitución por la Sala Acusadora de la Legislatura, dominada por el bederismo, y esperaba el llamado salvador del Gobierno con la noticia de la intervención, pero nunca llegó.

El mazismo trató de ganar tiempo y presentó un pedido de nulidad de la decisión del juez, mientras afuera 300 mazistas hacían un acto de apoyo. Pero pronto quedó claro de qué lado había quedado la Policía riojana, que hacia el mediodía entró otra vez a la fuerza, con gases lacrimógenos y balas de goma, como la noche previa. Los manifestantes fueron dispersados y hubo varios heridos. En la confusión, Maza pudo salir y se subió a un auto que arrancó de contramano.

El caos del momento que entró Beder Herrera junto a varios funcionarios, legisladores y policías fue aterrador. Testigos contaron que hubo disparos con armas de fuego de la policía mientras subían al primer piso de Casa de Gobierno.

Maza con sus seguidores fue a la sede del PJ, donde cansado, insistió que todo había sido «armado».

Con la Casa de Gobierno «liberada», entró triunfalmente Beder Herrera y saludó desde un balcón del primer piso. Sus seguidores lo vivaron, pero unos pocos mazistas al otro lado de la Plaza, lo insultaron. La sede de gobierno estaba roñosa por el campamento de la noche y los destrozos. A las 12.40, entre gritos de júbilo, Beder dio una conferencia de prensa en un atestado Salón Blanco. «La cordura ha llegado», dijo entre sus primeras palabras. Y explicó que «un juez tuvo que desalojar (a Maza) porque estaba usurpando funciones».

Beder Herrera en el balcón de Casa de Gobierno

Beder envió señales a la Casa Rosada y elogió a Kirchner por dejar que la crisis institucional «se resuelva en La Rioja». Dijo que a Kirchner «le duele la democracia, es un hombre federal, de tierra adentro» y aseguró que fue «pública y notoria su prescindencia» en el conflicto. También ratificó su voluntad de llamar a elecciones anticipadas: «Quiero coordinar con el Gobierno la fecha», dijo buscando tender un puente. Sin embargo, hasta ese momento no había habido contacto con el Gobierno, admitió. Beder, jefe de Gabinete con manejo del Presupuesto, vicegobernador hace 15 años, aseguró: «Se terminó el unicato».

Beder Herrera en el balcón de Casa de Gobierno junto a Ariel Puy Soria y Lázaro Fonzalida

Tras sus primeras declaraciones, Beder convocó al primer hecho importante de su gestión. La jura de su gabinete. Allí volvió a sorprender con dos nombramientos pensados para impactar a sus comprovincianos y lograr cierto beneplácito de la Rosada. Como coordinador de Políticas Sociales nombró al ex cura Delfor “Pocho” Brizuela, el mismo que renunció a sus hábitos tras admitir que se había enamorado de una docente, Nicéfora Maldonado. Durante muchos años, Brizuela fue sacerdote en la zona de El Chamical con un estilo inspirado en la Teología de la Liberación y en la figura de Enrique Angelelli.

A las 7 de la tarde estaba todo cocinado, los nombres del gabinete ya estaban repartidos con algunas sopresas como el nombramiento de un ex radical, Gastón Mercado Luna, a quien designó como fiscal de Estado.

Hijo de una familia de conocida militancia en la UCR, Mercado Luna denunció en su momento la existencia de la llamada “mafia del oro”, por la que acusó a Domingo Cavallo y al propio Maza.

Los demás puestos del nuevo gabinete quedaron para sus hombres de confianza: Lázaro Fonzalida (Gobierno y Seguridad), Walter Flores (Gestión Educativa), Daniel Herrera (Legal y Técnica) y Javier Tineo (Hacienda). En Salud nombró al médico Gustavo Graseli, de la asociación de profesionales del hospital Enrique Vera Barros. El deseo de Beder Herrera es conformar un gobierno “de transición”, según consignaron medios nacionales en esa época.