A las 7 en punto de la mañana del martes pasado, Ariel Flores, estudiante destacado del secundario, albañil y quien sueña con ser arquitecto, salió de su casa en un asentamiento de El Challao, en Mendoza, rumbo a la cita más importante en sus 18 años.

Es que las autoridades de la Facultad de Ambiente, Arquitectura y Urbanismo de la Universidad de Congreso, en Colón 90 de la ciudad de Mendoza, lo esperaban para conocerlo y evaluar la posibilidad de otorgarle una beca para que pudiera iniciar su carrera en la institución.

La cita se organizó a partir de que el diario Los Andes diera a conocer hace un mes su historia y valorar sus aptitudes: escolta de la bandera en la Escuela Arquitecto Manuel Víctor Civit y obrero de la construcción desde que la pandemia dejó desempleada a su familia. Un empleo que, tal como él lo reflejó, lo acercó a su futuro y le brinda herramientas y conocimientos.

Fue así que la decana de la facultad, arquitecta Karen Noval, junto con el rector de la universidad, ingeniero Rubén Darío Bresso, le anunciaron a Ariel que quedó incluido en el programa de becas con una bonificación del 100% de la carrera.

Las inscripciones en la Universidad de Congreso comenzarán en julio próximo y Ariel tendrá el seguimiento pertinente para dar curso a la correspondiente inscripción y comenzar el ciclo 2022 como alumno de la UC.

“Desde el año 2008, bajo la conducción de la Fundación Posgrado de Congreso, la UC busca brindar oportunidades y acompañamiento a la #ComunidadUC a través de beneficios arancelarios, programas de becas y la cuota más accesible de la región”, se indicó desde la institución de avenida Colón. También se informó que el encuentro resultó enriquecedor y que, a su término, se le ofreció al estudiante acercarlo en vehículo a su lugar de trabajo, en el barrio Mendoza Norte, para evitar demorarlo, pero que “de ningún modo aceptó”.

Ariel trabaja diariamente de 8 a 18 y luego cursa las materias en forma presencial o virtual del turno vespertino.

Cuando la crisis económica generada por la pandemia complicó la situación en su casa de Campo El Molino –Laura, su mamá, es vendedora ambulante y Fabián, su papá dejó de ser albañil por un serio problema en la columna— empezó a tomar cartas en el asunto y aprendió el oficio con rapidez y habilidad.

Tiene, además, cinco hermanas (Erika, Micaela, Fabiana, Laura y Selena) y una sobrina que vive con ellos.

Egresó con honores de la Escuela Champagnat, donde su historia también se comentó de boca en boca apenas fue publicada en el diario y de inmediato una vecina de Mendoza (que prefirió no identificarse) le obsequió una moderna computadora portátil.

“Mis padres siempre me inculcaron el estudio, algo que ellos no han podido concretar, pero yo sí lo haré. Tengo proyectada una vida mejor”, reflexionó en la entrevista del pasado 9 de abril.

Era muy pequeño cuando sus dibujos sorprendían a propios y extraños. “Miraba los dibujitos en la tele y me ponía a copiarlos el lápiz y papel. También hacía caricaturas, me la pasaba todo el día dibujando”, contó el estudiante destacado.

El dibujo técnico se convirtió, tiempo después, en la Escuela Técnica, en su pasión. Y reitera: “Ser albañil me ayuda”.

Su papá le había enseñado el oficio de chiquito, pero más tarde tuvo que abandonar y puso una verdulería. Así, Ariel siguió aprendiendo junto a su cuñado el arte de construir casas.

Pese a las carencias materiales, tiene un recuerdo feliz del humilde barrio donde nació y creció en el medio del potrero. Un barrio del que, seguramente, en poco tiempo saldrá con el diploma de Arquitecto en sus manos.