Se trata de la primera sentencia en el país en un caso de sextorsión. El hombre había dado a conocer material íntimo de su novia tras la separación.

El tatuador Patricio Poli fue condenado este jueves a cinco años de prisión efectiva por “pornovenganza”. Además, ordenaron un tratamiento psicológico de rehabilitación. La joven riojana logró llevar a juicio a su exnovio después de que él difundiera en Internet videos sexuales en donde aparecían ambos y este jueves el Tribunal de la Cámara Tercera en lo Criminal y Correccional de La Rioja dictó la sentencia.

Patricio Pioli, el tatuador que hoy se sentó en el banquillo de los acusados y enfrentó la decisión de los jueces Edith Agüero, María Petrillo y Fernando Romero, llegó a esta instancia detenido e imputado por “coacción y lesiones leves calificadas” en contra de su expareja, Sánchez Frega y también por filtrar fotos y videos íntimos tomados mientras duró su relación con la mujer.

«Corruptos». El cartel que mostró Poli durante la sentencia. (Foto: Facebook)

De esta manera, el tribunal falló a favor de lo que había solicitado la fiscalía: cinco años de prisión efectiva para Pioli por la difusión de contenido íntimo sin consentimiento.

A través de un comunicado que publicó en las redes, en las últimas horas la agrupación Ni Una Menos de esa provincia advirtió: “Nos preocupa que una reducción de la pena pudiera dejarlo impune ya que se le descontaran un año y medio de una prisión domiciliaria que no respetó”.

La Agrupación Ni Una Menos La Rioja acompañó a Sánchez Frega desde el inicio del juicio. (Foto: gentileza Facebook)

En diálogo con los medios locales, la víctima explicó a partir del cuarto mes de noviazgo con Pioli empezó a sufrir “situaciones de violencia física, verbal y psicológica y además problemas por la violencia que ejercía sobre mis animales”. “Cada vez que quería dejarlo me decía todo el tiempo que iba a difundir las cosas que él tenía. Aguanté por un montón de tiempo hasta que no di más porque las situaciones de violencia eran cada vez más graves”, agregó.

La mujer destacó que “corría riesgo de estar con esa persona y sabiendo que de todas maneras me iba a hacer un mal traté de elegir un mal en lo posible menor que me permita seguir viviendo”.

“Igual lo iba a hacer -sostuvo Sánchez Frega en referencia a la difusión del material grabado- me lo dijo en los audios que presenté en la justicia. Otra cosa con la que él me amenazaba era con contar un abuso que yo había sufrido en mi infancia por parte de mi abuelo”. “Yo se le conté en confianza y el en un medio audiovisual se sentó y lo contó muy tranquilamente”, relató.

Sobre ese tema en particular subrayó que “fue todavía peor que lo que me venía haciendo, porque todo el mundo estaba escuchando algo que yo solo se lo había contado a él y no tenía por qué haberlo divulgado”.

Por: TN.com.ar

Por su parte, el abogado de la mujer, Sebastián Andrada, dijo respecto a la condena de Pioli que “estamos convencidos de que se decidirá una sentencia condenatoria de cumplimiento efectivo, el máximo de lo que pidió la fiscalía”.

“Con todo lo que hicimos en la etapa de instrucción y en el debate y las numerosas pruebas y declaraciones testimoniales que incorporamos, más la prueba instrumental, estamos convencidos de que la culpabilidad de Pioli será ineludible y aguardamos el resultado”, dijo finalmente el abogado de la querella.

La versión del tatuador

A pesar de las acusaciones, Pioli siempre insistió en su inocencia, dice que le robaron el celular y que él es tan víctima como Paula Sánchez Frega, la mujer que lo denunció. “Me estoy comiendo el garrón de mi vida”, afirmó.

Cuando todo salió a la luz Pioli pasó 6 días detenido en una comisaría. “Fue una experiencia de mierda, muy traumática”, dijo a Clarín en aquel momento. Una experiencia que lo siguió también a la calle. “Me gritan asesino, violador, soy un ogro. Y no hice nada”, se lamentó.

En la misma entrevista, el tatuador sostuvo entonces que lo único que desea es que “todo termine rápido” y dijo que, a pesar de todo, no tendría problemas en juntarse ella. “La abrazaría y le diría que me da mucho dolor y pena todo esto. ‘¿Hasta dónde hemos llegado?¿Qué pasó con nosotros?’”.